lunes, 20 de febrero de 2012

Vergüenzas escondidas en una habitación


Maestro- Bueno señores, hora de cerrar y de ir a la fiestas del extravagante Fali Brown. ¿Habéis traído algo para la subasta benéfica?

Juan- No comprendo el fin de tener que llevar objetos de los que nos avergoncemos y además, sacados de nuestro cuarto. Yo tengo mis dudas sobre si quiero desprenderme de estos objetos, aunque supongo que la causa lo vale…

Maestro- Claro que sí, que lo vale. Aunque ya sabes cómo es Fali Brown: seguramente lo haga por otras razones más profundas, como para conocer mejor a sus invitados o tener un regalo para nosotros dentro de unos años. En fin, os voy a enseñar que traigo.

>>El primer objeto es mi reloj despertador. Ahí te pudras, artefacto de Satanás. Antes tenía otro son más solera con el que empecé a escuchar la radio de verdad y a ilusionarme por la cultura. Tenía una lucecita cuando encendías la radio con temporizador que era muy cálida e iluminaba suavemente las penumbras de aquellas noches. Sin embargo, este de aquí tiene los números verdes y brillan mucho, demasiado. Da tanta luz que no puedo dormir. En serio, no puedo.

>> El segundo es una aun servible memoria ROM portátil de 320 gigas. He dejado ahí las cuatro cosillas que tenía: música que ya no escucho, peliculillas comerciales, carnaval y fotos. Las fotos son lo que me avergüenza realmente de este cacharro. Son de algún viaje que no salió como esperaba, de alguna salida con antiguos amigos que ya no conservo o de oportunidades perdidas o degustadas muy a medias. Ya sabéis, el pasado que te persigue. Además, el disco duro este está chafado porque lo usaba para otras cosas relacionadas con perder el tiempo, aunque siguiendo las instrucciones que he adjuntado se puede usar sin demasiados problemas.

Juan- Pues mi primer objeto es un balón de futbol del Betis con las firmas impresas de los jugadores de hace tiempo. Lo tenía de exposición, aunque sin las firmas tampoco hubiera jugado mucho con él, me temo. No me gustaba el fútbol y lo de seguir al Betis era más bien para encontrar algo de identidad. Ahora en parte me avergüenzo por necesitarlo en aquel momento y considerarlo un objeto valioso. Ya está deshinchado.

>>El otro objeto es mi Caja Gamberra. Pertenece a cuando me daba cuenta de que la niñez se iba a pasar inevitablemente sin que hubiese trasteado mucho por ahí. Si llego a ser consciente de que podía potenciar la picardía y gamberrear sin recibir un castigo verdaderamente importante… Pero no, yo siempre era asquerosamente bueno. Esta cajita era donde reservaba cosillas para gamberrear que nunca usé, como una cajita de bombas fétidas entera, petarditos de niño chico (que  a mí me parecían la leche ya con pelillos en los huevos), bolitas, cordel, una moneda de cinco duros…

Alekséyev- Yo también he traído una pequeña perla que tenía olvidada en un cajón. La he traído porque el mismo Fali Brown prometió pujar alto por lo que yo llevara, pero no me hace especial gracia esto de desvelar presuntas vergüenzas.

>>Lo que traigo es una canica. Sí, solo eso. Aunque mirad qué diseño: tiene el lacito interior completamente negro. Se llama Canelita y me la dio una buena amiga hace muchísimos años. Una amiga a la que quise con toda la sinceridad e inocencia que conservaba en aquellos años pero que hoy no sé donde cojones está. La podría localizar pero, ¿para qué? Sería como conocer a otra persona totalmente distinta con una excusa muy alejada en el tiempo, muy borrosa. Esta canica, Canelita, me recuerda a esas personas que han pasado por mi vida dejando huella pero que por la razón que sea, ya no están ahí. Demasiadas caras encerradas en una bolita es una cualidad que solo yo soy capaz de ver y que nadie sabrá darle valor en la puja. No tiene sentido hacer esta subasta de baratijas vergonzantes: aunque hablemos de ellos y desvelemos sus secretos, el valor de los recuerdos será siempre intransferible.

viernes, 3 de febrero de 2012

Que se vayan


Me quejo de que no soy capaz de crear nada y de que no tengo ahora nada de inspiración… capullo. Los médicos dicen que estoy casi bien, tengo encargos y trabajo para más de un mes, dinero de sobra y para colmo, me he echado una novia maravillosa que encima tiene tetas. Sin embargo, mis trabajos artísticos no van nada bien. He tenido tanto tiempo para desahogarme tallando pajas mentales que, ahora que me va todo bien, no soy capaz de crear nada. Este detalle debería ser para mí una chorrada, una de esas cosas poco importantes de la vida por las que no hay que preocuparse mucho pero... No, soy un artista, o al menos pretendo serlo. La felicidad no es nada inspiradora y nadie quiere ver o crear una obra que trate de lo bonita que es la vida.

  Supongo que debería disfrutar de lo que tengo y no preocuparme de momento por la inspiración. Como decía Bécquer en boca de Sabina, “cuando tengo el amor, siento; cuando no lo tengo, escribo”. Estoy muy ocupado frotándome las manos como un niño nervioso y bailoteando por las esquinas ante esta suerte a la que no estoy acostumbrado que me olvido de oír la vocecilla de la inspiración y la que me pide rebelarme o tener más y más de todo lo que pase por mi antojo. Pero también dejo de escuchar esa conciencia malaje que no te deja disfrutar de casi nada y esos recuerdos fallidos que se te vienen a la memoria a raíz de cualquier suceso cotidiano.

  Quizá la felicidad es dejar de oír voces en la cabeza, tanto las buenas como las malas. Convertirse en otro feliz más, uno de esos encantados de la vida y sin ganas de trasgredir. Insolidaria y añorada individualidad plena. 

sábado, 14 de enero de 2012

Lanzarse a la ducha con la bombona gastada y otros trucos de autocontrol


Alekséyec -Te llevo observando un rato y he visto andas medio cojo, resfriadísimo y con un chichón en la cabeza. ¿Qué te ha pasado, vida mía?

Juan -Pues básicamente que mis trampas contra mí me han hecho esta vez demasiado daño. El despertador me lo alejo de la cama para forzarme a levantarme, porque como lo tenga en la mesita de noche, lo desconecto y a dormir. Pero esta vez me he topado con demasiados obstáculos por medio y me tropezado. El chichón me ha salido buscando la Nintendo DS, que me la escondo para que cuando pase el tiempo medio se me olvide dónde la puse y no caiga tan fácilmente en el antojo. Alguna vez he aprobado exámenes por eso. Pero hoy la necesitaba para dejársela a mi prima y con las prisas, zasca. Yo es que escondo todo muy bien.

 -¿Con que poniéndote límites para no poder hacer el vago, no? Eso a veces es peligroso, como acabas de demostrar. Es más efectiva la fuerza de voluntad.

 -Ya, pero yo de eso no tengo. ¿Y sabes de dónde viene este moqueo tan malaje? Pues que como paso demasiado tiempo en la ducha disfrutando del agua calentita, para ahorrar agua, gas y tiempo apuro la bombona todo lo que pueda. Cuando hay poco gas, tardo mucho menos en salir, llegando a extremos de higiene supersónica inimaginables. Pues esta mañana el agua caliente ha durado diez segundos y por no cambiarla he cogido mucho frío.

 -Qué paquete. ¿Te enseñarán estas experiencias a no autoputearte y a no caer tan fácilmente en las tentaciones de la carne flácida?

 -Lo dudo. Estos trucos salvo días de bajío como hoy me funcionan normalmente. Que sí, que me molestan y me ponen a veces de mal humor, pero para ser disciplinado y cumplir una mínima organización tengo que recurrir a este tipo de mierdas. Si tienes una mente algo retorcida, puedes vivir correctamente aunque seas un débil de espíritu.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Cambiar


Maestro- Aquí tiene su pedido. Espero que lo disfruten y feliz año nuevo.

-¡Igualmente!
-¡Igualmente!
-¡Igualmente!
-¡Igualmente!

Juan- Feliz año. En fin… No sé si te has fijado, jefe, pero cuando felicitas las fiestas en voz alta, se alzan muchas voces para devolverte la felicitación, aunque antes no te hayan dirigido ni una sola palabra.
Maestro- A lo mejor la gente está ávida de muestras de humanidad y por eso aprovechan cualquier oportunidad para no ser estatuas de hielo como casi todo el tiempo.

-Pero si la gente (y puede que me incluya) espera al mínimo momento para dejar de ser unos muermos  distantes, es decir, si están expectantes para dejar de ser lo que son y convertirse por un momento en lo que quieren ser, ¿por qué conformarse con solo esos instantes de humanidad navideña? ¿Por qué no cambiar? ¿Por qué no somos como deseamos ser?

-Pufff, acabas de dar con la pregunta clave. Pregúntale a Alekséyev, que dice que lo hace. Invéntate un superpersonaje y créetelo. Como si fuera la mejor mentira de la que tienes que estar convencido, Cuando por fin el personaje se haya adueñado de tu mente (mucho más que Bela Lugosi creyéndose Drácula), serás la persona que deseas.

-No sé si Alekséyec  se lo tiene realmente creído. Y tampoco sé si ese es el camino. Eso sería crear una personalidad muy artificial, que no tiene nada que ver con los recuerdos, las circunstancias y la educación que nos han forjado de cierta manera y no de otra.

-Bueno, si quieres una excusa naturalista puedes pensar que los recuerdos, las circunstancias y la educación es lo que te ha hecho llegar a la conclusión de que tienes que tomar ese atajo. Olvídate de lo natural o lo artificial: todo se reduce a unos caminos u otros. Lo que no sé es que hay al final de ellos, si la felicidad o la muerte. Tener eso claro puede que sí sea algo que nos haga cambiar. ¿No crees?

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Nihilismo


Juan- Me gusta la navidad porque hay excusas para todo, tanto para lo bueno como para lo malo. Pero si eres de los que buscas la mínima oportunidad para compartir un poco de cariño y de humanidad, pues… Yo me he hartado de dar besos y abrazos a los que no se los suelo dar, que con la navidad parece que eso no es tan cursi. Además a la gente le da por hacer más buenas acciones que de costumbre. Que sí, que es una pena que tenga que ser navidad para que la gente sea un poco menos imbécil, pero al menos te permite conservar un poquito de esperanza. Y supongo que ahora me llevarás la contraria porque sí.

Alekséyev- Por supuesto. A ver, si la gente es más buena en navidad es porque la mercadotecnia así lo ha querido. Es una pena que tu fe en la humanidad se sustente en una campaña propagandística de amor con regalos. ¿De qué sirven estas pequeñas treguas si sabes que no podrás confiar en ellos durante el resto de año?

 -No tiene por qué ser solo en navidad. Yo he visto gestos bonitos y altruistas durante todo el año. Que sí, que ante la primera gran putada que veas en los medios o que sufras en tus carnes, deseas echarle la culpa a todos los demás excepto a ti. Pero siempre hay algo a lo que te puedes agarrar.

 -¿Te acuerdas del yonki aquel que vivía en el callejón? Ese hombre, a lo único a lo que se podía agarrar era a su siguiente dosis. Y muchos tuvimos gestos altruistas con él que más tarde agradeció rompiendo un escaparte para entrar a robar. Aquella muerte se la buscó él solito, que aun desangrándose con el cristal, agarró todo el dinero que pudo. Sí, es un caso. Pero todos teníamos fe en la humanidad cuando íbamos a echarle un cable.

 -Bueno, pero es innegable que hay gente que ayuda a los demás a todas horas sin recibir nada a cambio. El egoísmo no es lo único que mueve el mundo.

 -¿Que no? Es lo único. Los que ayudan se sienten gratificados porque es su forma de sentirse bien. Lo hacen por ellos mismos, aunque indirectamente beneficien a otros.

 -Sabes, no sé si estás actuando o si realmente eres un nihilista en potencia.

 -¿Ya sean acabado los argumentos de “hay que creer en la gente, hombre” o “a veces se hacen cosas buenas”?

 -Mira, si no crees en nada, ni siquiera en la Humanidad (que es el último refugio para los más escépticos) no sé qué haces habitando este mundo todavía. Sí, todo es una putada. Una grandísima putada. Pero por muchos palos y desengaños que te lleves; por mucha maldad y mala suerte que haya a tu alrededor o sufras en tus carnes, al final, y por muy triste que seas, seguro que hay por cojones un último rescoldo de fe en el que sostenerte. Y seguro que no hay más porque no has buscado bien.

 -¿Y qué harías tú si matemáticamente hay cero esperanzas?

 -Pues mantenerme vivo a ver si aparecen algún día.

 -¿Y si no aparecen?

 -Siempre nos quedarán las pajas.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El gran incapaz


Era listo, pero también un vago y no tenía la cabeza muy allá. Se distraía continuamente con ideas, algunas originales, otras no eran más que basura improductiva. A veces deformaba recuerdos o se imaginaba unos nuevos, más agradables. El caso es que era adicto a estas distracciones mentales, y unido a su escasa capacidad de voluntad, acababa siendo una mente brillante pero muy desaprovechada, planeando grandes proyectos que nunca lograba llevar a cabo. Él era plenamente consciente de esta idea que le proporcionaba aun más material (y de buena calidad) para seguir socavando su materia gris. Buscaba encontrar en ella el elixir de la vida, pero de momento no lo había logrado, lo que le proveía de todavía más cosas en las que pensar.

Así siguió hasta que, reconociendo su incapacidad final, la nube que taponaba su supuesta inteligencia y su nula flexibilidad mental para cambiar, se volvió loco. Pero no en el sentido poético: loco. Y poco más se supo de él.

sábado, 10 de diciembre de 2011

*Bonus: minisagas (III)

XI.

Del enorme huevo verdoso emergió una mujer lagarto completamente formada. Fue muy afortunada desde el nacimiento: no tenía rabo pero sí unos poderosos cuartos traseros, una suave piel de escamas iridiscentes, útiles garras intimidadoras, visión infrarroja para detectar el calor y saliva venenosa. Evidentemente, le fue bien en la vida.


XII.

Del pequeño huevo rojizo salió el ser que me daría muerte en un futuro, según Oráculo. Es tan pequeñito… pero sé que cuando crezca me matará. ¿Podría cambiar mi futuro con un leve movimiento de cuchillo? ¿Me lo permitiría el Destino? Bah, yo no creo en eso, lo dejaré vivir.


XIII.

Clavé el puñal en mi pecho y me dolió muchísimo. Comprendí que moriría cuando me sacara la trascendente arma, dejando que la sangre brotará desde mis pútridas entrañas. Fue en ese momento crítico cuando me llegó el mensaje de que habíamos ganado el Euromillones. Así que llamé a la ambulancia.


XIV.

Recibió un calambrazo tan radiactivo que obtuvo el superpoder del teletransporte. Pero la diversión sin límites le corrompió y acabó viajando por el mundo para violar mujeres sin castigo. Hasta que recibió una estocada antes de percatarse y de nada le sirvió llegar al instante al mejor hospital del mundo.


XV.

Recibió un beso tan cálido que obtuvo el superpoder de ser persona. Aquella pobre mujer deshizo su coraza de hielo con un sincero gesto de agradecimiento infinito. Desde entonces buscó el cariño en cada esquina, pero como no tenía práctica con la gente, se tuvo que conformar con las putas.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Comparaciones


Por muy libre que me crea, por muy independiente que crea ser y estar separado del forraje que compone la sociedad, no puedo evitar aun, a mis años, compararme. Joder, después de una vida luchando por ser yo mismo, por no seguir la corriente, que me dé igual que unos se harten de follar o de cagar dinero y yo no. Pero al final, no puedo evitar evaluar lo que llevo hecho y eso no puedo hacerlo sin mirar a los demás. ¿Cómo si no sabría que estoy llevando una vida plena?

Mi compadre Gustavo, el que se llevaba todas las ostias en el colegio y tenía demasiado pavo, va a tener a su tercer hijo con una mujer increíblemente maravillosa. Mi hermano, medio rico y triunfando en su trabajo. Alekséyev va a estrenar obra como protagonista y mis queridos Tous se van un mes a un templo en el Tíbet. ¿Qué hago yo? Vivir como un artista frustrado, mal amado y ganando lo justo para sobrevivir. Eso sin hablar de mi enfermedad.

Claro que, si me comparo con los pobres somalíes que se mueren de hambre, tampoco me va tan mal. Y si no miro a nadie, mi vida es bastante soportable. Pero no, necesito destacar entre los borregos y los mediocres y para ello tengo que observarlos, conocerlos, averiguar qué necesito para superarlos. ¿Me dará eso la felicidad? Seguro que no, pero no puedo evitarlo: me he cansado de aguantarme las ganas de mirar y de evitar convertirme en una estatua de sal. La curiosidad, o el aborrecer la incertidumbre, me pueden.

Me he vuelto un triste por recaer en el antiguo vicio de no huir de la sociedad.

sábado, 3 de diciembre de 2011

Sagrado de verdad


Imposible: esta obra no la puedo realizar. Tendría que ser un gran genio para poder plasmarlo, aunque pensándolo bien, sería bastante triste que fuera capaz. No, no puedo porque son sublimes los rostros que tengo en mente. No por tener fracciones bien colocadas o sonrisas perfectas: lo sublime es la expresividad sincera de la pasión.

No sé si ellas serán conscientes de cómo cambia su rostro en el preciso momento en el que la punta de su lengua toca a un hombre. O más bien, cuando lo deciden. Durante un tiempo verdaderamente especial, desaparecen las barreras de misterio, la niebla de miedo y preocupaciones, los disfraces de otras intenciones y las máscaras. “Te estoy devorando a mi manera. Estoy gozando y no me importa que lo sepas”. Por eso es un momento de sinceridad absoluto y de verdadera pureza (nada que ver con lo que decían en misa) que yo no puedo recoger en una obra artística. Demasiado sagrado para mí.