martes, 16 de agosto de 2011

El Periodismo (I)


Juan -Sé que te gusta llevarme la contraria, pero sé piadoso porque esta vez no tengo demasiados argumentos a favor. Aunque tampoco tendrás argumentos suficientes en contra, porque aunque pese, el periodismo es inherente a la sociedad en la que vivimos. Sí, he dicho inherente. Si quieres, puedes calificarlo como un mal necesario, como la política.

“Alekséyev” -Ah, ¿pero son cosas distintas? ¿De quién te puedes fiar para saber lo que pasa? ¿Qué periódico o cadena de radio o televisión no condiciona sus contenidos según el pez gordo que los mande? Las noticias, la manera de tratarlas, los líderes de opinión… todo está enfocado para santificar al demonio que pone la pasta. Aunque esas mentiras nos puedan hacer un gran mal, da lo mismo: lo importante es ser partidario.

-Pero es que la objetividad no existe y en estos tiempos no es malo admitir de qué pie cojeas si eres fiel a la verdad.

-Tú lo has dicho. Si contara alguno la verdad sería la ostia. De hecho prefiero un mal periodista que no atine con la realidad que uno que me cuente lo contrario por ser un vendido.

-Pero siempre habrá periodistas honrados. De hecho, cuando haya más vendidos, la honradez será un valor en alza y surgirán más periodistas independientes. Y esos tendrán el honor de poder cambiar el mundo, a mejor. ¿Acaso hay algo más gratificante?

-Hombre claro, genios y grandes influencias hay en todas las profesiones, pero como no seas un periodista mesías, eres un mierda que trabaja gratis, que molesta a todo el mundo allá a donde va (ya sean políticos o inocentes), y que dan interesantísimas noticias como que ha nevado en Sierra Nevada, que hace calor en Sevilla o que la dieta mediterránea es sana.

-A ver, a veces no hay noticias y hay que rellenar, pero es mejor que no hablar de nada y tener al periodista sin darle uso. Además, esos reportajes feos entretienen, que es lo importante. Sí, sé que me vas a saltar con eso de que el objetivo del periodismo ahora no es informar sino entretener, pero también es verdad que esa búsqueda del atractivo hace que la gente se interese por estar informado.

-Lo malo es que si ves un informativo típico, hay demasiadas noticias de entretenimiento y las de verdad, las pasan rápido, como si en ese tiempo estuvieran perdiendo audiencia. En los periódicos, pasa algo parecido, si no recuerda que clase de noticias eres capaz de leer hasta el final. La radio está algo mejor, pero siempre será un medio secundario. La única opción es Internet, donde es aun mucho más difícil cobrar por hacer trabajo periodístico. Sí, puede que sea una profesión bonita y emocionante si la ejerces en la dirección que deseas pero cada día se parece más a la Publicidad. Y eso, amigo mío, es imperdonable.

sábado, 6 de agosto de 2011

Buscando un final verdadero


Maestro- Échale un vistazo a mis nuevas creaciones.

“Alekséyev” se acercó al expositor de novedades y observó que, entre las máscaras y algún soldado medieval de madera, destacaba algo poco habitual en la obra de su jefe: un lirio, hermoso, grande, con un exquisito laqueado que hacía irresistible pasar el dedo por sus pétalos. En la peana, leyó la palabra “bésame” y consciente de que era un juego artístico, obedeció y posó sus labios sobre la flor. Mientras, el maestro comprobaba complacido como retiraba la cabeza súbitamente al percibir ese delicado aroma a almendras.

“Alekséyev” –Vaya, tengo que reconocerle el mérito de haber conseguido asustarme.

Maestro –Y yo te reconozco el mérito de ser lo suficientemente listo como para hacerlo. De todos los que han pasado por esa flor, eres el único que lo ha comprendido. Y mira que me parecía una idea brillante, pero después he caído que casi nadie sabe que el cianuro huele a almendras y que un simple beso puede ser suficiente para sufrir una rápida pero dolorosa muerte. De hecho creo que la mayoría ignora lo que es el cianuro.

-En parte, la cultura sirve para eso, para entender y disfrutar una película de Kubrick o de los Monty Python, un libro de Dostoievski o una obra suya. Me llama la atención esta nueva máscara, la de en medio.

-¿Qué te trasmite?

-Paz

-Dale ahora la vuelta pero ten muchísimo cuidado y no toques nada.

-Pinchos. ¿Pinchos perfumados con esencia de almendras? Esta vez no lo pillo.

-Sí lo pillas, es lo que estás pensando. Esta vez no es esencia de nada, es veneno de verdad. Sabes, creo que esa máscara es la prueba irrefutable de que estoy loco. Llevo mucho tiempo intentando tallarla y me ha costado muchas frustraciones. Y no sé si ha sido gracias a mi insistencia o ha sido a raíz de que me diagnosticaran las bolitas, pero por fin me ha salido, por fin he sido capaz de expresar en un trozo de caucho cocido ese sentimiento que no acabo de disfrutar. Por eso, si la cose se agrava y no hay esperanza de salvarme, dejaré el hospital y haré…lo que me plazca. Y cuando las fuerzas me abandonen y cuente con los dedos los días que me quedan respirando y poco más, me pondré esa máscara y me aliviaré por fin. No sé si me lo permitirán, pero quiero ser enterrado con ella puesta. Sé que desagradará a muchos, pero creo que representará absolutamente lo que seré en ese momento. ¿Ves como estoy loco?

-Meastro, creo que usted es la persona más cuerda de la faz de la tierra. Para su desgracia.

miércoles, 27 de julio de 2011

*Bonus: minisagas

(Historias de 50 palabras)


I.

El primer ratón penetró en uno de esos túneles de madera que olían tan bien, pero tras una sacudida, dejó de respirar allí mismo. Al segundo le pasó igual. El último ratón, después de haberlo visto todo, quedó también atraído por el queso de la ratonera. ¿Realmente podía haberse salvado?


II.

Me piden unos barrigudos que juegue con mis huesos al fuego y al metal. Mi historia nunca tuvo que ver con estos miedos brutales que respiro. Solo veo otros sentenciados que no luchan por causas nobles (¡ridículo!), sino por ir arrastrando los pies hacia el patíbulo. En fin: ¡Al ataque!


III.

Aunque estaba extremadamente aburrido, tenía mil asuntos pendientes que no le daba la gana atender. Enganchado a los leves pero asegurados estímulos informáticos, dejaba escapar oportunidades, personas, amores… Distraído (como siempre), pulsó varias teclas al azar y acabó buscando en Google “huhuhuhuhu”. No miró los resultados. Por fin dijo: “Estúpido…”


IV.

No le importaban sus tetas: estaba en la más absoluta gloria. Acariciaba su contorno con un dedo. Lento. Lentísimo. Y cuando le apetecía, besaba su perfumado y revelado terciopelo, mientras dejaba escapar una sonrisa blanquísima contemplando sus dos gotas de mar. El sueño duró hasta que el chulo dijo basta.

V.

Hola –dijo el ratoncito Pérez-. Os traigo la peste.

Puta tradición infantil: la próxima vez le daré dinero al niño. Por fortuna, aunque los hospitales sean tan agobiantes, la medicina actual te lo cura todo.

La peste… Desde luego, hay cosas que solo ocurren en las minisagas. Y en África.

lunes, 4 de julio de 2011

Hay que saber de economía


Mecagüen, como me han tangado con estos pedidos. Cabrones. Aunque puede que yo tenga algo de culpa… Sí, en realidad la tengo casi toda, sin haber revisado bien la compra ni nada. Fui muy impulsivo aquel día, pero también es verdad que no estaba muy allá. Joder, si es que hay que andar siempre en guardia, con todo, a todas horas, en todos los sitios, que asco. Ahora a ver qué hago con esta mierda de materiales. ¡Me los como!

Mierda, este plástico es peor de lo que pensaba. No puedo aprovechar casi nada después de la pasta que me he gastado. ¡Qué ruina! Bueno, al menos el daño de esta mala inversión solo ha sido en dinero, no en tiempo, como ocurre casi siempre. Eso sí que es un problema gordo: cuando después de muchos esfuerzos y disgustos la cabrona te dice que nanay o cuando te pegas dos meses enclaustrado en un cuarto y sin vida para acabar suspendiendo los exámenes.

Ah, el tiempo, ese justo igualador humano. A lo mejor la vida es un eterno estudio económico para conseguir invertir nuestro tiempo lo mejor posible. Hacer algo que no quieres es en verdad un gran contratiempo y nuestra existencia no se puede acabar apoyando en una eterna tarea desagradable. No debería.

Lo que yo me pregunto es que, si tanto valor le doy por fin al tiempo, ¿por qué lo sigo dejando que se escape siempre como si fuera cualquier mujer que pasa por mis brazos?

jueves, 30 de junio de 2011

*Bonus: La jungla

-Abrázame. –le rogó a Francis aquella mantis gigantesca.

No sabía muy bien cómo reaccionar, pues nunca se había topado con un insecto tan descomunal. Ni siquiera en el campo. Una farola cercana parpadeaba intranquila mientras Francis se preguntaba cómo actuar. Nadie le había enseñado qué hacer ante algo así y el sentido común no parecía ser útil en una situación tan poco común. Tampoco había nadie que le ayudara en aquella famosa calle, tan transitada a otras horas menos intempestivas.

-Abrázame, por favor. No te haré daño, te lo prometo. Me siento mal y necesito un poco de cariño desesperadamente. ¡Desesperadamente!

-Eres unos de esos insectos que atrapan a sus víctimas con los brazos y empiezan a comérselas vivas. ¿Crees que me puedo fiar de ti tan fácilmente?

- Sí, lo comprendo. Sientes miedo, pero el miedo es solo una barrera estúpida hacia tu libertad. ¿A que si tuviera un aspecto menos temible sí me abrazarías? Sé que tú también te sientes solo, que vives en un lugar caótico y tu única compañía es un pececito luchador de esos que pueden vivir en una pisada de buey. Sé que eres como yo. ¡Abrázame! Lo necesitamos.

Francis comenzó a dudar. Realmente le daba pena aquel ser, que perdía toda la fiereza con su voz suplicante. Era una locura y una notable temeridad pero, ¿acaso no llevaba tiempo sin recibir una muestra de cariño de nadie, solo de buitres? ¿Acaso no debía encontrar los pequeños momentos de felicidad en los lugares más estrambóticos, pues las situaciones “normales” estaban vedadas para él?

-Sigo sin confiarme. Ni siquiera sé qué es lo que comes.

-Al igual que vosotros, yo me alimento de otros hombres. Pero a ti no te haré nada.

La calle seguía en un silencio sólo interrumpido por el tintineo de aquella farola inquieta. Aquel ser monstruoso parecía más transparente que casi todas las personas que conocía Francis. Su mirada fría y estúpida no contenía maldad: era trasparente. Y una fuerza de la naturaleza como aquella no podía ser tan perversa.

Francis extendió los brazos y la mantis lo imitó. Se acercó hacia ella y se agarró a su frío y duro tronco. Se sentía como si abrazara a un árbol. La mantis colocó sus patas delanteras sobre los hombros del chico con mucho tiento, rodeándolos con dos filas de pinchos afilados que se posaban con suavidad sobre la carne. Francis iba perdiendo el miedo y apretó más el cuerpo del monstruo sobre su pecho, a la vez que notaba como aumentaba la presión sobre su espalda. No eran unos seres muy cálidos, pero Francis se sentía, por un momento, reconfortado.

Tras un minuto abrazados, ambos seguían en la misma postura y no se movían ni un ápice. De pronto la presión de Francis sobre los hombros se convirtió en un dolor punzante insoportable que le paralizó todo el cuerpo. Miró hacia la cabeza del bicho y vislumbró únicamente unas mandíbulas fragmentadas bailando con frenesí. Sentía la necesidad de preguntar el porqué, pero no podía hacer nada. Nada.

De pronto sonó un estallido y la cabeza del monstruo desapareció. No así sus fuerzas.

-¿Estás bien niño? Espera que te libere de esas zarpas.

Era una mujer mayor cuyo aspecto aparentaba ser aun más mayor. Llevaba una escopeta de doble cañón aún humeante amarrada a la cuerda del batín.

-Menos mal que te he estado observando desde mi ventana. Pasa dentro y te curaré eso.

El hogar de aquella señora era digno de ver: tenía un estilo retro pero parecía no estaba conseguido a posta, sino que su decoración era antigua de verdad. Sin embargo, tenía algunos chismes modernos que no convivían bien con tan dignas antiguallas y destrozaban por completo el entorno. En el salón, donde llevaban a cabo la tarea médica, se encontraba una niña sentada junto a un ordenador sin casaca y con cara de inopia. Apenas observó a Francis unos segundos antes de volver toda su atención a la pantalla. Era la viva imagen de la señora, con un batín aún más anticuado y un rostro que parecía envejecido.

-¡Niña, deja eso ya! ¡Las horas que son y tú jugando!- le lanzó la alpargata directa hacia la cara pero la niña la esquivó hábilmente.- ¡Voy a coger ese cacharro y lo voy a tirar a la basura! Perdona hijo, es que me tiene negra la niña esta. Mi hija trabaja veintitantas horas y su padre no existe, así que me la tengo que cargar yo.- Francis notaba verdadero desprecio en su voz.- Tus heridas no son muy graves, se cerrarán rápido. Supongo que te costará más superar tu estupidez. ¿Por qué te has abrazado a un bocho que mata abrazando?

-No me creerá, pero hablando con él no parecía en absoluto peligroso. Se lo juro. Creo que esa capacidad de poder hablar lo humanizó y lo convirtió un cazador mentiroso. Ya no tenía que esforzarse por camuflarse o por perseguir a nadie. Con parla se obtienen mejores resultados.

- Anda que tienes la cabeza bien. La naturaleza, hable o no hable, es muy peligrosa. Bonita sí, para poner una maceta en casa. Pero no vayas al bosque porque te perderás y te puedes morir de frío o caerte por ahí. Además, si te encuentras a alguien en plena naturaleza, reza para que sea buena persona. Se está mucho mejor entre un vecindario amable.

A pesar de su aparente vulgaridad, tenía un leve brillo de sabiduría en sus ojos. No parecía una persona con la que hablar de arte, pero sí de cómo cocinar una liebre o dónde comprar cada cosa en el barrio. Tras un rato de conversación Francis percibió que era una mujer pragmática, habitualmente sincera y con gustos comerciales aunque modernos. Sin embargo, daba la sensación de que no podría soportar una imagen de misterio mucho tiempo y que, una vez revelados sus conocimientos poco comunes, dejaría de ser una persona interesante. Mientras, la niña seguía embobada en el ordenador, pulsando los botones del ratón con una insana impaciencia. Parecía una mala copia de su abuela y esta, todo un ejemplo de persona normal.

Al salir de allí se dirigió, con algo de temor en el cuerpo, hacia su alejado apartamento. Un par de lobos y un mendigo ya daban buena cuenta del cadáver de la mantis. Por suerte, la farola que debía iluminarles se había apagado al fin, aunque se notaba como sus rostros estaban manchados de un horrible verde sangre. En el cielo, que se veía negrísimo por la contaminación lumínica más que por el color de la noche, no se atisbaba aún ninguna señal de amanecer. La única presencia que encontró fue una prostituta que se acercaba al chico con toda la intención. Él se apresuró a decirle que no antes de que pudiera agarrarlo y ella, pacífica, dio media vuelta. Llevaba un cuchillo de caza envainado bien visible en la cintura y su ropa, verde chillona, le recordó a Francis el altercado con el monstruo. Un árbol caído, unos cristales y un charco de sangre unos metros más allá rememoraban el gran accidente de esa tarde frente a su casa. Todo por ir como loco.

Finalmente, tras una larga caminata por la ciudad, llegó a su portal. Sacó el llavero prestado de la comunidad y usó las cinco llaves antes de poder entrar en casa (hasta el ascensor tenía la suya). A medida que encendía luces, el desorden se hacía más presente en el ánimo de Francis: libros amontonados, ropa, platos usados, polvo… Se fue directo hacia la pecera a ver su agonizante pez luchador hinchado por el abdomen. Cuánta pena sentía él por cada pez que se le moría, mucho más que por las horribles desgracias que salían en la tele. Decidió irse a la cama sin lavarse los dientes ni mirarse las heridas, pero al apagar la última luz del salón vio una lucecita en el contestador. Algo que había dejado de ser insólito en los últimos días: un mensaje.

“Hola Francis, el otro día te vi en la tele y me acordé de ti. Me acordé de esos buenos momentos que derrochábamos juntos y de todo lo que has supuesto en mi vida. Creerás que te llamo para buitrearte, supongo que como muchos últimamente. Pero solo quería saber de ti. A veces pienso que tras todo lo que trastoqué tu vida, aun no me habrás perdonado el dejarte de aquella manera. También pienso que quizá, no lo sé, cometí un grandísimo error. ¿Qué crees tú? ¿Me llamarás mañana o cuando puedas para charlar? Un beso, amor. Sabes que te quiero. Ciao.”

Al oír esto, Francis se sentó en un sillón, aplastando los papeles que quedaron debajo. Las luces estaban apagadas y fuera, la noche permanecía intacta. Entre aquel caos artificial pasó un rato pensando cómo contestar. Finalmente la llamó, sabiendo que con su sueño profundo no se despertaría.

“Hola, vida mía. Ahora mismo acabo de escuchar tu mensaje. No te imaginas que semana de locos llevo desde que por fin me hice famoso en mis alrededores. Tienes razón, he visto carroñeros por todos sitios, gente que de repente son mis amigos y mujeres a las que les parezco súbitamente atractivo. Sabes, quiero irme de aquí. Esto es una jungla. Bueno, ojalá lo fuese: solo lo es en el sentido metafórico. Pero no creo que me entiendas. Esta noche me ha pasado algo que me ha puesto en alerta cuando he escuchado tu mensaje. Adivino qué ocurrirá si me dejo llevar por esa parte de mí que sabes explotar tan bien. Sé que acabaré otra vez aislado, esta vez puede que definitivamente, y ya no me podré salvar de ninguna manera. Por eso os pido a todos un favor solamente: alejaos de mí.”

lunes, 27 de junio de 2011

White rabbit


Creía que no te hacían falta estas cosas.

No me hacen falta, pero las sé disfrutar, sin prejuicios ni enganches. Bueno, ¿qué tal?

Así asao. Mira, no me duele, por mucho que me dé. No te vayas.

No me voy, solo estoy preparando más. Con esto vas a traspasar la luna.

No sé si quiero hacerlo. ¿Y si me mato o descubro algo malo? Dáselo mejor a Gervasio.

Otra vez, que Gervasio no existe. Solo estamos los dos, y yo ya no puedo más. Bueno si puedo pero no es plan. Dale caña.

Yo sí que no puedo más. Bastantes vueltas me está dando la cabeza. Creo que ya estoy preparado. Venga, empieza ya.

Vale. ¿A quién quieres más, a tu padre o a tu madre?

Pues a mi madre.

¿Qué prefieres, sexo o un buen trabajo?

Con un buen trabajo me puedo ir a buscar putillas, tu sabes, haces plam y ya estás ahí en plan zasca. Tu sabes.

¿Por qué no te has suicidado todavía?

Por cobardía más que nada y por ver las pelis futuras de Spielberg. Dicen que está preparando la cuarta de Parque Jurasico desde hace tiempo. Claro que lo mismo decían de Indiana Jones…

¿Sabes ya que vas a hacer con tu vida?

Que va, creo que llegaré a los treinta y pico soltero y sin trabajo fijo y me mataré un día de esos en un descuido en la carretera. Así que no me preocupo. Si acaso solo de comprar buenos pitufos.

¿Qué opinas de mí?

Que eres el tío más mierda del mundo y te ocultas detrás de un personaje que tenias un día en una obra de teatro porque se te fue la mano con el Stanislavski ese o lo haces a posta porque tu vida es una puta mierda y pim pam pim pam. ¿He acertado?

Vaya hombre, el experimento ha sido un fail. Creía que ibas a ser más imaginativo pero solo dices las gilipolleces que tienes en la cabeza. La última: di algo ingenioso y genuino.

Mmm…. La vida es como un meteorito. ¿Lo entiendes? De eso se trata.

sábado, 25 de junio de 2011

El artista introvertido


Juan- Anda, maestro, no sabía que fueses un gran escritor. Estos textos son la polla, en serio, me tienen impresionado. ¿Y estas figuritas en plan expresionistas? Claro que lo mejor es esta máscara que guardas ahí también y que no pones para vender. Te comprendo, yo también querría conservar estas obras.

Maestro- Bueno, supongo que era cuestión de tiempo que tus ganas de cotillearlo todo te llevaran hasta mi, bueno, tesoro secreto. Todo eso es la parte de mi producción que más me refleja, lo más personal y autobiográfico. Así es como pienso y siento, o más bien como lo he hecho durante un tiempo. Eso soy yo, no es arte, no es ficción.

-¿Pero desde cuando el arte tiene que ser sobre cosas inventadas? Lo que haces aquí es expresar experiencias y sentimientos tuyos de forma impresionante, conmovedora. Solo le he echado un vistazo y te conozco mucho mejor, en serio.

-Primero, que escribir sobre uno mismo puede ser muchas cosas pero como arte, es algo dudoso. No hay ideas, ni requiere apenas imaginación ni creatividad, si acaso solo para exagerar y engañar, cosa que puede hacer cualquier estúpido. Y segundo, que si está escondido es por algo, porque no quiero que lo lea cualquiera (siento decirte que tú eres cualquiera). No es justo que con un vistazo rápido a un cajón puedas conocerme profundamente, sabiendo mis debilidades, mis temores, mis errores… Al menos no es justo para mí.

-Joe, perdóname maestro, aunque humildemente me atrevería a decir que cualquiera en su vida no soy, después de todo este tiempo. ¿No será que tienes demasiadas reservas para algunas facetas de tu vida? Además, tampoco es para tanto: no me he llevado muchas sorpresas por lo que he visto.

-Pues yo me siento realmente invadido, y no consiento que cualquiera lo pueda hacer sin mi permiso. Y si te parezco raro por eso…bueno, “raro”. ¿Acaso alguien sabe con certeza qué es lo “normal”?

jueves, 23 de junio de 2011

Ah, el futuro


Vaya ruina. Vaya ruina… ¿Y ahora que hago, con esta negrura con la que tendré que cargar ahora? Mi motor de las expectativas se ha ido al carajo. ¿De qué tiro ahora? ¿De dios? ¿De psicosectas? Si el pasado no lo quiero mirar y el presente es un mojón, ahora que mis planes se han puesto así, ¿qué sentido…?

Cuánto reconforta ser víctima de alguna fuerza superior, no de mi propia personalidad. Puta filosofía basada en la esperanza…

Necesito alcohol urgentemente… Ah no, que ya no puedo permitírmelo. “Para ganar hay que arriesgar”. Mierda, mierda. Ya, ya está. Calma. A ver, no debo ser catastrófico. Siempre hay soluciones, escondidas, pero siempre hay, y una mente creativa como la mía debería encontrarlas. Voy a pensar qué salidas me quedan….

….

…. Me quiero morir. De risa si puede ser.

martes, 14 de junio de 2011

Metáfora


Juan- Como diría ella, un completo fallimento

“Alekséyev” -¿Fuiste a matar del tirón?

-Parecía una chica normal, no tenía pinta de ser una tarea especialmente difícil a pesar de lo del idioma. Me arranqué a hablar con ella y empezó bien la cosa. No era una persona muy divertida y no me lo pasaba muy bien, pero bueno, me lo tomaba como una inversión. Sé que para estas cosas hay que actuar de una forma muy definida: atender y trabajar. Pero yo me empecé a distraer con otras cosas: mis amigos, los distintos tipos de cerveza internacional, el King boxing que echaban en la tele…

-¿Y ella no se iba?

-No, yo sabía que se tenía que quedar allí toda la tarde. Me doy cuenta que actué como siempre. Como siempre con todo. Total, que pasaba el tiempo y yo le echaba cuenta solo de vez en cuando. Incluso cuando sabía que se acercaba la hora de marcharse, yo seguía más atento a las tapitas indúes que me ponían. Y mira que sabía que el premio por dedicarle el tiempo necesario podía ser suculento, pero claro, era o ella o todo lo demás. Y al final, la pillé recogiendo sus cosas de repente. Me acerqué rápido para hablar apresuradamente y le pedí el facebook, pero no me lo dio. ¿Sabes qué me dijo la tiparraca? Entendí algo así como: “Las calles están llenos de golfos como tú y no te has esforzado mucho conmigo. ¿Qué esperabas?”

-Golfos…que bueno. ¿Pero qué es lo que me has contado, tu conquista frustrada a una italiana o la historia de tu vida?

-¿Sabes? Maldigo nuestra capacidad humana para ver las metáforas. Todo lo que hacemos acaba saliendo como nos sale siempre, como un reflejo de nuestra personalidad. Vemos ese reflejo en las cosas que hacemos, las que sales bien y sobre todo las que salen mal. Y así, ¿cómo vamos a dejar de ser como somos y evolucionar, si tenemos la capacidad mental de vernos a todas horas como en un espejo en todo los que hacemos? Seguro que a los animales no les pasa.