miércoles, 23 de febrero de 2011

Curiosidad Vs Desprecio contra el mundo


Juan -Son unos paletos, de verdad, no son personas interesantes. Vale, me pueden divertir o incluso ser leales en un momento dado. Pero verdaderamente desprecio su falta de…alma. Entendiendo alma como esa chispa que yo busco. Por eso cada vez paso más de ellos, porque no despiertan mucho interés en mí.

"Alekséyev"- ¿tú no eras el que decía que ojalá fueras menos curioso? ¿Que todo te dejaba absorto y te impedía concentrarte bien? Una persona, por muy simplona que creas que sea, debería despertarte más interés que un decorado o los chismes que hay encima de la mesa.

-Ya, eso me preocupa: ir perdiendo poco a poco mi espíritu explorador. Ese lado infantil de eterna curiosidad que tan orgulloso me siento de poder mantener. Pero creo que no tiene nada que ver con un supuesto envejecimiento de mi personalidad. ¿Cómo explicarlo? Lo que me pasa es que creo que no se merecen mi atención. No digo que yo sea superior, pero sí que busco una profundidad en las personas y unos valores que veo en muy poca gente. Estoy en un punto en el que reniego de la sociedad y de todos los catetos de mi alrededor con ideas prefabricadas. ¡Eso es! Lo que busco son personas con ideas propias. Ala

-Pues de eso hay más bien poco. Pero piensa desde cuando crees tener tus propias ideas, la fecha aproximada. Antes de esa época, ¿merecías ser despreciado? Antes hablabas de que estabas en constante evolución, pero ahora pintas una frontera bastante clara. ¿Acaso te crees ya maduro?

No, no lo soy. Pero no soy un paleto, eso sí lo tengo claro. Me he culturizado y sufrido lo bastante como para superar la presión de mi alrededor, por intentar plantarle cara a mis circunstancias. Y veo que pocos lo hacen. ¿Me hace eso especial?

-Bahh, tampoco será para tanto. Aunque si lo que dices es verdad, puede no te haga todo lo especial que tú te crees. Conozco gente muy existencialista que me da asco y también a simplones a los que admiro y de los que me gusta rodearme también. Quizás, fité que tontería, sea solo cuestión de ir variando para no cansarse de la compañía.

sábado, 12 de febrero de 2011

Pesares


Qué máquina. No sé si es que tengo un humor extraño pero estoy viendo mi obra con muy buenos ojos. Por fuera, la máscara lijada y limpia, color gris, apertura de ojos redonda y grande y lo más difícil: una sonrisa seria. Se podría describir como una expresión casi seria que no quiere parecer triste. Por el interior, un poco de rugosidad y de molestia. Lo justo para que se note, se pueda uno acostumbrar y alivie al quitársela. Y el detalle del artista: un peso desproporcionado a la finura y a los materiales visibles de la máscara.

¿Se puede uno acostumbrar a sus cargas? Frustraciones, rechazos, tiempo perdido, sueños al carajo… Fracasos. El recuerdo de todos ellos se va acumulando y tenemos que soportar su peso por cojones. No tenemos tanta capacidad de olvido ni tanto valor como para arrojarnos a la locura de un mundo inventado y feliz. Realmente, ¿qué es lo que hacemos? Aguantar y seguir paseando con la desgana a la que nos acostumbramos, cada año más cansados. El peso de la experiencia, distorsionando nuestra visión de la vida. Por eso quizá merecería la pena, pese a los palos de pardillo, conservar algo de inocencia.

lunes, 7 de febrero de 2011

Otro tipo de teatro


Juan- Y me dice la tipa: “es que eres muy poca cosa para mí, tienes que reconocerlo”. ¡¡“Tienes que reconocerlo!!¡¡Será puta!! No, si fuera puta me la habría jincao, pero como se la jincan todos menos yo, es solo una hija de puta. ¿Cómo puede juzgarme de esa forma, si no sabe nada de mí? No sabe cómo soy por dentro, ni mis inquietudes, ni todo lo que sé, ni todo lo que hago a veces, ni mis ocurrencias, ni mis habilidades…Y ella es una simplona tonta, que no es ni graciosa y que solo tiene un buen físico y un poco de simpatía. Pero poca eh.

"Alekséyev" – Ofú. ¿Pues qué quieres que te diga? Seguramente sea eso, que no conoce mucho de ti y no sabe lo que realmente vales. Que tampoco es que sea demasiado, pero bueno, si lo que dices de ella es verdad… Mira, no te comas la cabeza: cuando quieras una relación, muéstrate tal como eres. Pero si eres un caliente de discoteca que encima no se come un carajo, ¡haz teatro y no te compliques!

-Es que eso va contra mis principios de sinceridad para resolverlo todo.

-Principios… No seas tan rígido siempre, hombre. Será algo entre tú y esa persona a la que no vas a ver más en la vida tras una o dos noches. ¿Qué importa ser un cabrón? Si sabes que en realidad no lo eres, solo que las circunstancias te empujan a que lo seas durante un rato. Puedes decir que el mundo te ha hecho así, como Janet.

-En realidad, puede que sea que no domino tanto las artes escénicas como tú. Pero no quiero siquiera intentarlo. Me transformaría en ese tipo de persona que tanto coraje me da. Y sería un hipócrita.

-Bueno, pero serías un hipócrita bien follado.

sábado, 5 de febrero de 2011

O mejor, desaparece


Recuerdo esta época hace exactamente un año. Recuerdo que no me podía poner a trabajar porque mis problemas colapsaban mi mente y la inutilizaban. Incapaz de coger mis herramientas pensando: “con la que está cayendo ahí afuera, ¿cómo me puedo poner yo a tallar una pieza?”. Ha pasado un año y aquella crisis se supone que pasó. O más bien, se obvió. No sé si es que la añoro o que simplemente se quedó aún pendiente, pero otra vez me siento casi incapaz de trabajar aun sabiendo que tengo que hacerlo con urgencia. Supuestamente, en este último año, lo único que he conseguido son mecanismos mentales para ir tirando, para pasar de toda esta incertidumbre. No sé cómo me ha ido. Puede que bien, pero creo que era porque me he creído mis propias mentiras. Tampoco he aprendido a crear la máscara perfecta. Ni me he acercado.

Estoy empezando a comprender qué es lo que me hace sentir mal. Son las metas que me propuse hace ya unos años, cuando no tenía nada, solo ilusión por ver y hacer cosas que ya me llegarían. Me siento decepcionado conmigo mismo porque no tengo apenas nada de aquello que pensé tener con esta edad. El tiempo pasa y cada vez veo menos probable disfrutar de esos momentos que había pensado. Momentos idílicos que muchos tienen pero yo no.

A ver, los consuelos. Voy a poner en práctica descubrimientos recientes. El amor, el arte, la memoria, el sexo… Mis consuelos deseados son mis metas de siempre, las que apenas consigo. ¿Qué hago entonces, si no encuentro nada que me reconforte y que haga más llevadero estar en el mundo? Tendré que volver a jugar a eso que enganchaba tanto. Y a leer más ficción y menos Hermann Hesse, imaginando después que soy un personaje más de la historia. Quizás me venga bien volver a montar el acuario, que la última vez me quedé con ganas de criar guramis chocolate. También puedo buscar nuevas recetas para postres, volver a engancharme a Detective, cuidar más las plantas…

sábado, 29 de enero de 2011

Consuélate, mejor


Bueno, ahora no tengo ganas de calcular así que voy a hacer el truco del almendruco de los pintores: mezclaré estas pinturas y usaré la mezcla para colorear, que seguro que me sale un color bastante original. Bueeeno, color mierda, vaya novedad. Aunque he sacado un tono verdoso agradable. La verdad es que es divertido…Ostias. ¡Ostias, ostias! Me acaba de venir una epifanía: el arte sirve para…consolarme. Pero no sólo el arte. Las mujeres, el altruismo…Sí, el consuelo. Es lo que hace la vida soportable, lo que hace que la acabes viendo como “vivible”. La evasión no, eso no soluciona nada y siempre te deja en el mismo punto de partida. Lo que sí te puede hacer evolucionar es consolarte dentro de este mundo cruel y asqueroso donde no tenemos forma de saber de qué coño va esto. Amor, amistad, dignidad, belleza…Si llenáramos más nuestra vida con estas cosas en vez de con tantas drogas contra la realidad, quizá…

viernes, 28 de enero de 2011

La gracia del Coyote


Juan – Es que verás, lo quiero una jartá y me alegro mucho por él pero…no del todo. Cada vez lo voy consiguiendo un poco más pero todavía no me acabo de alegrar sinceramente por los triunfos de los demás. Aunque sea mi hermano o mi mejor amigo. Sinceramente y sin engañarme a mí mismo, no puedo.
"Alekséyev" – ¿Envidia?
-Puede ser…Fite, que sentimiento tan bajo tengo, con lo listo que me creo a veces. Es que…no es una simple envidia. Creo que más bien es recordar nuevamente aún no he hecho nada de eso, que aún no he triunfado de esa manera. Que fracaso. Sí, creo que eso se aproxima más a lo que siento. El recuerdo del fracaso. Es tan desagradable tener eso en la mente que te olvidas alegarte por los demás.
-¿Y qué es el fracaso?
-Ostias, ¿ya estás en plan Sócrates? Pues fracasar es perder. Perder una batalla que tú mismo has empezado contra tus propias limitaciones. Por eso es tan terrible, porque no compites contra nadie que puede ser mejor o peor, si no contra ti mismo. Y lo que acabas demostrando es que aún no sabes los que quieres en la vida y que no tienes ni una mínima idea sobre de qué va esto. ¿Te vale la definición?
-Eres demasiado catastrofista. Yo no soy el mejor para hablar demasiado de fracasos porque apenas tengo peeero, hay que tomarse el fracaso con más naturalidad, casi como algo cotidiano; también necesario para progresar. Claro que hay que hacer lo máximo posible para no perder pero, cuando lo hagas, no te creas que eres lo peor ni tires la autoestima por la borda. Además, todo el mundo fracasa muchísimo, así que no te sientas especial y desgraciado porque solo eres uno más. Y por último ya, decir que gracias a nuestra cultura heredada, somos capaces de saborear una buena sensación cuando fracasamos. Es como el acogedor calor de tu casa. Pero eso puede ser fatal por que nos podemos acabar acostumbrando a perder solo para sentir esa sensación a la que ya estamos acostumbrados. Solo tienes que mirar a tu alrededor o leer los blogs de la gente. El fracaso crea adicción.

lunes, 24 de enero de 2011

Cómo lograr el éxito

¡Ajá! Vaya descubrimiento. Esto lo tengo que apuntar en mi agendita de cosas importantes.

Teoría del licántropo invertido

Al igual que en la economía invertimos dinero en algo específico que creemos que nos va a rentar, en la vida hay que invertir el tiempo, que es nuestro verdadero y único bien, en algo que queremos conseguir. ¿Dónde está el fallo? En dos puntos: en derrochar desperdiciándolo en humo y en embarcarnos en proyectos que después salen mal. Esto es lo más importante. En las finanzas, se minimizan los riesgos a base de conocer bien el proyecto: los datos. En la vida esto es mucho más complicado ya que, como dicen los economistas, el futuro por definición es impredecible. Y más si no tienes ni idea de lo que ocurre alrededor (como suele paser). La economía se estudia y se lee en la prensa especializada. La vida… ¿Dónde se estudia?¿Qué debemos hacer para atinar en nuestros proyectos vitales?
Solución: El Ultrarrealismo vital. Consiste en analizar fríamente las posibilidades de éxito de un proyecto, sin contabilizar el factor suerte, la posible ayuda ocasional, el encanto inicial o el factor antojo. Mucho cuidado con este último. Nuestro cerebro es como un niño chico, juguetón y epicúreo (lo que madura es nuestra fachada, nuestra recopilación de datos). Al igual que nos pasa con una música o una actividad, nuestra mente piensa lo que quiere pensar y es reacia a trabajar en cosas más aburridas o desagradables pero quizá más productivas. Por tanto, el camino consiste en hacer madurar realmente nuestro lado cálido e infantil, para que los sentimientos más primaros no se opongan al éxito. Esto no significa que tengamos que ser personas frías e inanimadas; sólo hay que ser así a la hora de decidir. Transformarse de repente en un gigante analítico y sopesar las posibilidades. Después, tras decantarse por una opción, no dudar de ella, recordando que fue tomada en un momento de mayor lucidez.
El cuánto podemos obtener no es lo más importante, sino el tener la sensación de no desaprovechar el tiempo. Porque en un momento de gran fracaso o de final inminente, esto último consuela más.

sábado, 15 de enero de 2011

¿Qué es lo que quieres?

Juan –¡ Iyo! ¿Qué has hecho hoy en tu clase, que ha salido una tía llorando y dos liándose por las esquinas?
"Alekséyev" –Hoy les he enseñado a mis alumnos lo bonito que es revelar las verdaderas intenciones con la gente.
-¿Tú, el hombre de las mil caras dando lecciones de sinceridad?
-Es que esta sinceridad si me gusta. El mundo sería muchísimo más fácil si tuviéramos un letrero en la frente que dijera lo que realmente queremos en cada momento.
-¿Y ese factor misterio que tanto te gusta, no desaparecería si todo el mundo supiera lo que se dispone a hacer la gente?
-¿Qué dise usté? No revelar tus intenciones con la gente es una gran pérdida de tiempo, aunque vale, a los quince años no te digo que no tenga su encanto. Trabajando no hay problema por revelar cuál es el interés de cada uno. De hecho trabajar es básicamente satisfacer intereses. Pero en lo personal es distinto: algunos no dicen que quieren jincar y se consumen de las ganas por la persona que tienen delante; otros juegan con la incertidumbre de querer o no querer para tener engatusado al personal; también hay quien calla que no aguanta bien al de al lado y al final, los sentimientos frustrados van llenando el vaso hasta que se colma con la última gotita pequeñita. Que es lo que te pasó con el chaval aquel tan bueno al que le tiraste un ladrillo en la cabeza.
-¡Sí, buenísimo! Imagínate yo, con lo pacífico que soy, cómo estaría para tirarle un ladrillo en la cabeza. Menos mal que no le dio.
-Pues si le hubieses mostrado desde un principio lo que piensas y le hubieras dicho: “aléjate de mí que no te soporto”, no habrías llegado a aquel extremo. Y con la cordobesa aquella tampoco habrías sido tan pagafantas.
Pues sí, pues sí…pero sigo pensando que lo de revelar siempre las intenciones no tiene nada de encanto. Seríamos como los animales o los simplones de discoteca, que en todo momento los ves venir. Vale sí, que en teoría sería lo natural. Pero, ¿acaso la mentira no es estimulante?

domingo, 9 de enero de 2011

Entre la chicha y la limoná

Vaya churro acabo de crear. Llevo una racha en la que no logro sacar nada bueno. Creo que esto de tallar máscaras no va a ser al final el tipo de arte que me corresponde. No sé si es solo eso, que me expresaría mejor pintando, escribiendo o aporreando una guitarra o que sencillamente soy un artista mediocre. Bueno, hay gente a la que le gusta lo que hago…¿O lo dirán solo por compromiso?
No sé qué tipo de arte podría probar. Recuerdo cuando me dio por la poesía, ¡valiente paquete! Aunque para lo poco que había leído no me quedaban tan mal. Claro que tampoco se lo enseñaba a mucha gente. También recuerdo que fue intentando descifrar un poema cuando me di cuenta de que yo no era tanto como creía. Según la imagen que tenía sobre mí, aquello no se me debía resistir mucho y sin embargo, no era capaz de ver de primeras algo que otros sí veían. Qué mal me sentí cuando comprobé que también era mediocre en “ser profundo”. Ni simplón afortunado ni intelectual interesante: mediocre. Mediocre.
Por eso todavía me asalta la duda y no sé si el motivo por el que no logro expresar nada es porque no tengo mucho que expresar. Porque estoy más vacío de lo que creo. Si eso fuese así, ¿cómo podría yo saberlo? Menos mal que estas dudas ya no me afectan. Los grandes músicos o poetas no viven las maravillas que son capaces de expresar. Los artistas mediocres sentimos y padecemos nuestro arte, nuestra vida, que se entremezclan en una deliciosa confusión: El sueño del artista paquete. Espero no despertarme en mucho tiempo.